Compostista
«Somos compost, no posthumanos; habitamos las humusidades, no las humanidades. Filosófica y materialmente, soy una compostista, no una posthumanista»
— Donna Haraway, Seguir con el problema: Generar parentesco en el Chthuluceno (2016).
Fragmento de «Historias de Camille: Niñas y Niños del Compost», una historia de fabulación especulativa feminista que cierra ese mismo libro de Haraway:
«Historiadores de la época sugirieron que el período sobre la tierra que va del 2000 al 2050 debería llamarse la Gran vacilación», La Gran Vacilación fue una época de una ansiedad inútil, ampliamente extendida, ante la destrucción medioambiental, la evidencia irrefutable de la aceleración de las extinciones masivas, el violento cambio climático, la desintegración social, las guerras por doquier, el continuo aumento de la población humana debido a las grandes cantidades de personas jóvenes ya nacidas (aun cuando, en la mayoría de lugares, las tasas de natalidad habían caído por debajo de las tasas de reemplazo) y las vastas migraciones de refugiados humanos y no humanos sin refugio.
Durante ese terrible período, cuando, a pesar de todo, aun era posible que una acción concertada marcara una diferencia, numerosas comunidades emergieron a lo largo y ancho de la tierra. El nombre de estos agrupamientos fue Comunidades del Compost; las personas se llamaban a sí mismas compostistas. Otros muchos nombres en diversas lenguas también propusieron el juego de figuras de cuerdas del resurgimiento colectivo. Estas comunidades entendieron que la Gran Vacilación podía acabar en crisis terminales, y también que la acción radical colectiva podría fermentar un tiempo turbulento pero generativo de retornos, revuelta, revolución y resurgimiento».